
En las capitales que regulan la venta de alimentos ultraprocesados en los comedores escolares, los adolescentes consumen menos productos de este tipo que los alumnos de regiones donde no existe dicha regulación. Este hallazgo inédito se publicó este lunes (26) en la revista científica Cadernos de Saúde Pública. El estudio fue realizado por investigadores del Departamento de Medicina Preventiva de la Facultad de Medicina de la USP (Universidad de São Paulo), del Núcleo de Investigaciones Epidemiológicas en Nutrición y Salud de la USP y de la Universidad Federal de Uberlândia.
La investigación identificó 51 normas que regulaban la venta de alimentos y bebidas en el entorno escolar, vigentes hasta diciembre de 2018, la mayoría en capitales del sur y el sudeste del país, lo que hace que los alumnos de esas regiones estén, por lo tanto, más protegidos frente al consumo de alimentos ultraprocesados.
Los científicos analizaron las leyes, los decretos, las órdenes ministeriales y las resoluciones vigentes hasta la realización de la PeNSE (Encuesta Nacional de Salud Escolar), en 2019. La PeNSE proporcionó a los especialistas información sobre la presencia de comedores y la disponibilidad de alimentos y bebidas comercializados en las escuelas públicas y privadas de las capitales brasileñas, así como datos sobre el consumo de alimentos ultraprocesados entre los alumnos matriculados.
Realizada por el IBGE, la PeNSE recoge respuestas de más de 81 000 adolescentes de 1804 escuelas, públicas y privadas, de todo Brasil, y se compone de seis cuestionarios. El equipo tuvo en cuenta dos de ellos en la investigación. El primero, respondido por los directores o responsables de las escuelas participantes en la PeNSE, evalúa información como qué se vendía en las cantinas. El segundo, aplicado entre los estudiantes de 13 a 17 años, preguntaba qué alimentos había consumido el adolescente el día anterior, como zumos, refrescos, helados, aperitivos salados y galletas.
Del mismo modo que la regulación de la venta frena el consumo, los investigadores han confirmado una relación estadística entre la oferta de alimentos ultraprocesados en el entorno escolar y un mayor consumo de estos alimentos por parte de los estudiantes. «Una de las hipótesis es que si el adolescente ve que en ese entorno escolar, donde pasa muchas horas al día, no hay este tipo de alimentos, eso ayuda a crear un hábito alimentario mejor que puede influir en el consumo de alimentos ultraprocesados incluso fuera de la escuela», valora Laura Luciano Scaciota, investigadora de la USP y autora principal del artículo.
Para ella, los resultados también demuestran la fuerza y la importancia de la regulación sobre la venta y la circulación de alimentos ultraprocesados, asociados a una serie de enfermedades crónicas no transmisibles, como la diabetes tipo 2 y la obesidad. «Este tipo de investigación es un gran incentivo para que las autoridades públicas elaboren nuevas regulaciones», afirma Scaciota. «Hay buenos ejemplos que funcionan en todo el país, como en Niterói, en Río, y en el estado de Ceará, pero defendemos una ley nacional que pueda prohibir la comercialización y la publicidad de alimentos ultraprocesados en las escuelas», añade la investigadora.
Este artículo fue publicado originalmente por la Agencia Bori.