
Crecer en un barrio obrero de Salvador implica enfrentarse a múltiples formas de opresión.
El racismo, el sexismo y la discriminación de clase impregnan las experiencias de las niñas negras, desde la escuela hasta los espacios de ocio, afectando su autoestima, salud mental y relaciones afectivas. Esto se evidencia en un artículo publicado en la edición de agosto de CSP.
A pesar de ello, también están surgiendo espacios colectivos de resistencia que fortalecen las identidades y allanan el camino hacia la igualdad.